sábado, enero 31, 2009

Primero; Dios es sacrificio. Sufre en esta vida y seras feliz en la proxima

Segundo; Quien se divierte es infantil. Vive bajo tensión.

Tercero; Los otros saben más lo que nos conviene, por que tienen más experiencia.

Cuarto; Nuestra obligación es satisfacer a los demas. Es preciso agradarles, aun cuando esto signifique hacer renuncias importantes.

Quinto; Es preciso no beber de la copa de la felicidad; podria gustarnos demasiado, y no siempre la tendremos a nuestro alcance.

Sexto; Es preciso aceptar todos los castigos. Somos culpables.

Septimo; El miedo es una señal de alerta. No hemos de correr riesgo.

Estos son los mandamientos que jamaz debes obedecer.

martes, enero 27, 2009

“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.”


“Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”
“Y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse) te alegrarás de haberme conocido”


“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.”

“Conozco un planeta en el que vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo, como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!”, lo que le hace hincharse de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!.”

El fracaso fortifica a los fuertes.
Haz de tu vida un sueño, y de tu sueño una realidad.
Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
Tener un amigo no es una cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo.
El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo.
Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo.
Ser necio de nacimiento es una enfermedad incurable.
Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección.
El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adonde va.
No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos.

A pesar de parecer un libro infantil, con los años se descubre que es una historia filosófica con énfasis en la crítica social y al mundo adulto.
En él trata temas tan profundos como la amistad, el sentido de la vida, el amor.

Todos llevamos un niño dentro, por más grande que seamos.
Pero hay que reconocer que en muchos casos se trata sólo de personas que decididamente no han crecido.
Hay que ser muy grande para poder seguir pensando con la esperanza e ingenuidad de un niño.
Hay que permitirse jugar y reírse.
Haciéndolo siempre con los demás y no de los demás.
Tal vez sea esa una de las diferencias entre un gran niño y un grandote con mente de niño.

Todas las personas mayores primero fueron niños.
(aunque pocas de ellas lo recuerdan)
-Solo los alegres e inocentes e insensibles pueden volar.
-¿Que se entiende por alegre e inocente e insensible? Ojalá yo fuera alegre e inocente e insensible.

Los objetivos están en cada extremo del arco iris...
Algunos aman con sobriedad
como si más adelante hubieran de odiarse
pero nosotros odiábamos apacible, cuidadodamente
como si más adelante hubiéramos de amarnos...

viernes, enero 23, 2009

La apariencia no lo es todo.

John Blanchard se levantó de la banca, alisó su uniforme de marino y analizó a la muchedumbre que hormigueaba en la Gran Estación Central de Nueva York. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en su solapa.
Su interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Florida. Al tomar un libro de un estante, se sintió intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lúcida. En la primera página del libro, descubrió el nombre de la anigua propietaria del libro, la señorita Hollis Maynell. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a cartearse. Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer.
Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar. Cuando finalmente llegó el día en que el debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la Gran Estación Central de Nueva York. Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa." Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Dejaré que el señor Blanchard relate lo que sucedió después: "Una joven venía hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello caía hacia tras en rizos sobre sus delicadas orejas; sus ojos eran tan hermosos como las flores. Sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios. '¿Vas en esa dirección, marinero?' murmuró".
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Hollis Maynell. "Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un gran sombrero, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo."
"La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me senté como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su tez pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudé más. Mis dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella me identificara. "Esto no sera amor, pero sera algo precioso, algo quizá aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. Me cuadré, saludé y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto."
"Soy el teniente John Blanchard, y usted debe ser la señorita Maynell. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar? La cara de la mujer se ensanchó con una sonrisa tolerante. 'No se de que se trata todo esto, muchacho,' respondió, 'pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que está cruzando la calle'
No es difícil entender y admirar la sabiduria de la señorita Maynell.
La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo.

"Dime a quién amas," escribió Houssaye, "y te diré quién eres."