¿Mito, tradición literaria o realidad?
El término “amor cortesano” se refiere al concepto medieval del amor espiritual entre un valiente caballero y una dama noble. La dama amada generalmente estaba por encima de la posición social y económica de su caballero, o estaba casada con otro hombre, o ambas cosas. El caballero la idealizaba, la deseaba y estaba completamente dedicado a ella. Casi nunca se oía hablar, en el mundo cortesano medieval, del casamiento por amor. Las combinaciones de parejas eran hechas para consolidar alianzas políticas o criar fortunas. El amor, en oposición al casamiento, estaba asociado con el desarrollo personal y la felicidad individual. Una relación de amor inspiraba a un caballero a llevar una vida mejor y desarrollar un alma más noble. El concepto de amor cortesano osadamente afirmaba que había más en un hombre que su título o su riqueza: cada individuo también tenía una vida sentimental privada, vinculada más con su alma que con su lugar social.
«Durante muchos siglos la idea y práctica del amor habían estado regidas por la libido, y su código era el Ars amandi, de Ovidio. El amor era un impulso de carácter sensual y perfectivo que aspiraba al goce material y al logro definitivo y absoluto. Pero la vida cortesana de los castillos occitánicos en el siglo XII adoptó una nueva y extraña inteligencia erótica en la que predomina la idea de servicio permanente y desinteresado. El es llamado amor cortés. El amante no se propondrá un objetivo o una meta, como es cobrar la pieza de caza y satisfacer en ella un afán de victoria, sino que se mantendrá en un estado de amor que no aspira a ninguna recompensa o galardón. Es un imperfectivo amar por amar que se mantiene permanentemente, a través de múltiples matizaciones como servidor humilde y fiel en homenaje sin esperanza a la mujer amada. Lo característico del amor cortés, en contraste con el amor ovidiano, es la sumisión del amante ante la soberanía de la dama, la señora, de la que nada espera y a la que dedicará toda su vida en actitud de delicuescente melancolía. De ella va a provenir el tono doliente y gemebundo del poeta amante que llora no su desventura ante un fracaso, que sería una solución, sino el paradójico dulce mal de amor con las agravantes de consentimiento y perduración. No hay un grito de pasión triunfal o de rabia ante la derrota, ni una solución definitiva en el juego del amor; no hay pugna mutua de contrarios en la que se vence o se es vencido. La batalla se libra de continuo sin resultado en el interior mismo del poeta-amante que padece y se deleita a la vez en ese estado de amor sin ulteriores consecuencias».
»Los rasgos de este amor son los siguientes:
1. La humildad, pues siempre el enamorado se siente inferior a la amada.
2. La cortesía, porque sus formas no son groseras sino refinadas y llenas de delicadeza. Sólo los nobles en linaje y conducta, hombre y mujer, pueden aspirar al amor.
3. La utopía, porque no aspira a conseguir el favor de la amada; sólo le basta con expresarle su admiración y su devocióm, sin esperar ninguna recompensa a cambio.
4. El desinterés, porque el poeta no pretende el matrimonio, sino que canta a una dama excelsa y elevada con la que no puede aspirar al casamiento.
5. La frustación, por la imposibilidad de consumar el amor o porque el desastre sigue inmediatamente a la consumación.
6. El secreto, por ser un amor encubierto, no manifestable públicamente.
Este amor, renombrado en muchas ocasiones y circunstancias, no es nada mas que una seguidilla de acciones propias de los amantes, desarrolladas durante un periodo de tiempo y que, aunque se niegue en ciertos momentos y queramos o no, perdura hasta nuestros días de cierta forma. Estas acciones, se engloban bajo un contexto casi de sumisión, en el que la mujer toma el rol de superioridad por sobre su amante. Es la mujer el eje central de esta relación, es ella quien maneja las realidades, la encargada de dirigir las riendas de las situaciones que se van desarrollando, en sus manos esta el comienzo, desarrollo y desenlace de este amor.
Compararé el comportamiento de los amantes, basándome en autores entendidos en el tema, con otras situaciones de la historia, como por ejemplo el feudalismo y además, trataré de adaptar este amor a contextos de vida tan diferentes a los de sus orígenes, osea, a nuestros días.
Este amor, tiene características especiales que lo hace por lo tanto adquirir un tono especial, que es lo que en el paso del tiempo a perdurado y lo que a la vez cautiva a quienes estudian el tema.
Además, a lo largo de este ensayo, abordaré, no con un mayor grado de detención, la postura filosófica respecto del amor, a manos de filósofos (valga la redundancia) y teólogos para así complementar más aun la definición o explicación de este mundo lleno de “rituales” o reglas, es decir, de todo lo que encierra el amor cortesano.
LOS COMIENZOS...
El amor cortés tiene sus inicios, como una de la hipótesis, en el Ars Amatoria de Ovidio, donde el autor crea una composición algo irónica y didáctica del amor, llena de sarcasmos que en esa época, antigua, fueron tomados como tal, pero que tiempo mas tarde, en la edad medieval, no fue interpretado de la misma manera. Es decir, los medievales tomaron esta ora y la aplicaron a sus vidas, dando origen así al amor del cual hablo. He aquí un fragmento que corresponde a los “cantos de la perdición” en el que el autor manifiesta, reitero, de forma irónica a un aprendiz de amante:
Acude raudo, antes de la hora fijada,
A tu encuentro con la amada; Aguárdala pacientemente en la calle.
Desafía los golpes de la multitud; Corre a cumplir sus deseos.
No te inquietes si otros asuntos te aguardan;
Si ella reclama tu presencia, protégela como un centinela
Cuando vuelva del baile.
Y así encontrándote en bucólicos pasajes te llama,
Toma tu carro camina hasta Roma.
Que no te detenga el tórrido verano
Ni el peso de la nieve.
¡Fuera los cobardes! Nuestro señor, Amor, en sus campos de batalla
Desdeña vuestra tibia servidumbre
CARACTERÍSTICAS DEL AMOR CORTÉS
El amor cortés, como lo mencioné al introducir el tema, consta de ciertas características primordiales que lo diferencian de cualquier otro “tipo” de amor, llámense estos pasionales, sexuales, etc. Estas son, principalmente la humildad, cortesía, adulterio y religión de amor. Sumadas a estas cabe mencionar también cierto deje de utopía y desinterés, ya que el amante, el noble caballero, o busca como fin primordial o último conseguir que su amor sea correspondido, sino que se conforma con el sólo hecho de adular y exaltar a su dama sin exigirle nada a cambio. Al mencionar el termino Religión de amor, me refiero a la adulación y casi devoción que el amante muestra hacia su dama que llega casi a ser como la adoración a Dios o a cualquier otro tipo de dioses o imágenes religiosas, es decir, la dama pasa a ser una especie de especie sagrada a la hora de amar.
Es por esto, que en muchos relatos que cuentan asombrosas historias acerca de las hazañas de los caballeros en honor a sus damas, se pone de manifiesto quizás hasta la poca honorabilidad de estos y su enorme deseo de satisfacer a la dama a como de lugar, teniendo como meta más que una reciprocidad amorosa, una pequeña conquista o lograr aunque sea una mínima “admiración” por decirlo así, de la dama hacia él. El caballero, si es necesario, vivirá grandes proezas y aventuras.
El amor cortesano es, además, sufrido y muy difícil, esto porque para conseguir que realmente se consume o se viva como tal debe pasar por una serie de “ritos” mas vulgarmente por una serie de cosas. El caballero debe sufrir, debe luchar realmente por esa dama si la ama como se supone que la ama. El amor por dolor, sufrido, es el instrumento de perfección espiritual, es el estado en el cual los amantes alcanzan una felicidad plena. Por ejemplo, en Tristán e Isolda, la famosa y archi conocida novela de Joseph Bédier, se ve de clara manera reflejado lo que antes mencioné, este amor sufrido, guerreado, complicado, pero que finalmente se consuma.
LA MUJER, SU IMAGEN Y SU POSTURA FEUDALISTA
La mujer en la edad media pasó por varias concepciones. Inicialmente se la veía como el vivo reflejo de Eva, por lo cual era un tanto despreciada, vista como culpable y pecadora, como la responsable de todo lo malo que se vivía en el mundo. Luego, tiempo mas tarde, este negativismo cambia y se instaura en la sociedad la imagen de Maria, la madre de Dios, la virgen, como el modelo a seguir para las doncellas y religiosas, por lo cual la imagen femenina pasa a ser un tanto idealizada. Sin embargo, si bien ya no se le desprecia, no se le liga directamente a María. Esto se explica debido a que el culto Mariano entiende la imagen de Maria no como una mujer en sí, como todas las mujeres, como un género femenino, sino más bien como una “madre virgen”, es decir, no es mujer, sino solo la madre de Jesucristo y por lo tanto no evita o no borra todo lo que se dijo de las féminas anteriormente. Finalmente, aparece una tercera imagen a la que se vincula el tema de la redimensión de los pecados, esta es la de Magdalena. Con este tercer personaje, la imagen de la mujer se hace un poco mas “real” ya que si bien es pecadora, finalmente es salva. Un poco paradójico, si lo queremos comparar, a lo que nos relata Dante en La divina comedia, donde nos muestra tres espacios diferentes pero conjeturados entre sí: el infierno (Eva), el cielo (María) y el purgatorio (Magdalena).
Por otra parte, su participación en el amor cortes en sí, es un tanto pasiva, como lo es por cierto hasta nuestros días; No es la dama o doncella quien tiene que hacer algo por conseguir a su amigo, no es ella la que debe cortejar, conquistar o aplicar ciertas “técnicas de seducción” (para acercar quizás el tema a la actualidad). Su participación si bien es pasiva durante el proceso de conquista, toma una importancia magna a la hora de decidir. Por supuesto es ella quien da una respuesta al caballero luego de todo lo que ha hecho él, es ella la que finalmente decide aceptar ser su amiga o no. Decisión, evidentemente, que el caballero debe aceptar y acatar. Es por esta sumisión, que la relación dama-caballero se compara a la que se vive en el feudalismo entre señor-vasallo.
La mujer adquiere esta “personificación” solo en el amor cortés y no bajo el marco del matrimonio, estado en el que se revierten los papeles y la mujer pasa a ser una especie de posesión del caballero: este es el señor y la dama es su vasalla. Recordemos que los matrimonios de esta época no eran precisamente uniones voluntarias por amor, sino mas bien contratos arreglados y uniones por conveniencias (descendencias, aumento de bienes, etc...). El amor cortés se vive por consiguiente bajo el alero del adulterio y lo mas “anecdótico” por citarlo de alguna manera, es que no es condenado ni penado de sobremanera como tal vez podría imaginarse. Respecto de esto se puede afirmar que “cualquier idealización de amor sexual, en una sociedad donde el matrimonio es puramente utilitarista, debe comenzar por ser una idealización de adulterio”. No se puede castigar si en el fondo no es una infidelidad, sino básicamente un no vivir en la desdicha. Este planteamiento concuerda un tanto con los ideales que hoy en día existen en nuestra sociedad (en la sociedad, no en la ley).
Andrés el capellán, nos da a conocer una serie de preceptos, reglas, códigos y casuísticas acerca del amor cortesano y puntualmente en relación con el tema del matrimonio, nos explica el porqué los esposos no pueden consumar el amor propiamente tal como un acto voluntario, en contrariedad a los amantes que sí lo pueden hacer:
[…]decimos y afirmamos [indica la condesa María de Champaña], [...] que el amor no puede extender sus fuerzas entre dos esposos. En efecto, los amantes se dan todo gratuitamente el uno al otro y sin que una razón lo obligue; en cambio, los esposos están obligados, por el deber, a satisfacer sus mutuos deseos y a no negarse nada. [...]
[...] una regla de amor dice que ninguna mujer casada podría obtener el premio del rey del amor, a menos que esté enrolada al margen del matrimonio. En cambio, otra regla del amor enseña que nadie puede amar a dos personas a la vez. Con razón, pues, el amor no podrá extender sus derechos entre los casados.
Para finalizar, solo cabe redondear las ideas y analizar un poco mas este “fenómeno” tan, a modo personal, fascinante y encantador, recalcando las premisas fundamentales: Es un amor complicado, sufrido, adúltero, la mujer juega un rol pasivo fundamental, es luchado, lógicamente propio de las cortes.
Sumaré ahora, para terminar ya con el ensayo, opiniones de personajes de la época respecto al amor en general y puntualizando en algunas de ellas en el amor cortesano propiamente tal. Primeramente Pedro Lombardo (1100-1160/64), reconocido teólogo italiano sostiene que “El amor no es un mal moral sino un castigo de la caída del hombre. El acto no es malo en sí pero puede ser un mal moral si no es usado para fines matrimoniales. Pero el amor apasionado por una esposa es adúltero”. En estas líneas, Lombardo contradice lo que antes mencioné respecto del amor de los esposos y el amor de los amantes, pues plantea que el amor fuera del matrimonio, entendido como un acto, no es moral y por lo tanto (interpretando sus dichos) debiese incluso ser castigado, pero luego se produce una especie de contradicción porque si bien no puede haber(hacer) amor entre una dama y otro caballero tampoco puede existir pasión entre los esposos (por lo tanto un amor intenso), entonces la pregunta que surge antes esto es: ¿El amor debe no ser disfrutado en plenitud, ni por los amates ni por los esposos? ¿De que tipo de amor estamos hablando? ¿o es el amor el estado de máxima felicidad?
Santo Tomás de Aquino nos dice que “El matrimonio es amistad. Las relaciones sexuales producen cierta forma de amistad en las parejas (aun en los animales). Así que la sexualidad 'inocente' es aceptable pero no la pasión (sensualidad). Acota el término amistad que también explique con anterioridad y al referirse a “sexualidad inocente” apunta a la sexualidad que viven los antes en la que según el teólogo no debe haber pasión alguna.
